martes, 25 de octubre de 2016

XII Juicio por delitos de lesa humanidad en la provincia de Tucumán: la histórica causa "Operativo Independencia

El Juicio

El 5 de Mayo de 2016 dio comienzo el XII Juicio por delitos de lesa humanidad en la provincia de Tucumán: la histórica causa "Operativo Independencia".
El 14 de Octubre del mismo año Adriana Slemenson, declaró por el secuestro y desaparición de Claudio, su hermano mellizo.
Del diario del Juicio Tucumán:
http://diariodeljuiciotucuman.blogspot.com.ar/2016/10/tres-desaparecidos-tres-familias-41.html


Adriana Slemenson, declaró por el secuestro y desaparición de Claudio, su hermano mellizo. En 1975 tenían 20 años y vivían en Belgrano, Capital federal.

Claudio Slemenson era un dirigente político conocido: había presidido la Unión de Estudiantes Secundarios y formaba parte de la rama juvenil del Movimiento Peronista Auténtico, como miembro de la dirección general. En el 74 egresa del Colegio Nacional Buenos Aires, y en el 75 empieza a estudiar Agronomía en la UBA. Al dejar la presidencia de la UES, durante el 75, realiza viajes por todo el país, a modo de cierre de lo que habían sido sus años de militancia como estudiante secundario y como presidente de la UES.

Adriana recuerda que cuando Claudio le comentó que venía a Tucumán, le preguntó si le parecía una buena idea, por los conflictos que estaban ocurriendo en la provincia. “No, yo soy de la UES, no me tiene por qué pasar nada”, fue su respuesta tranquilizadora.

El 4 de octubre, ya en Tucumán, cerca del mediodía, Claudio termina las actividades que tenía programadas durante su visita. Como tenía que esperar unas 4 horas para tomar el colectivo de regreso a Buenos Aires, Hugo Trenchi lo invita a almorzar a su casa.

Al llegar a la casa de Trenchi, había un grupo de militares armados. Hacía 3 horas que estaban apostados ahí, esperando. Nora Montesino, esposa de Trenchi, había sido encerrada en la casa. Los militares los envolvieron en sábanas y se los llevaron. Esta escena pudo ser reconstruida a partir de los testimonios de los vecinos y de lo que escucho Nora Montesinos desde el interior de la casa. Cuando los capturaron, pudo escuchar a Claudio gritar a viva voz: “¡Soy Claudio Slemenson!”.

El 5 de octubre, Claudio no llega a Buenos Aires, ni se contacta de ninguna forma. La situación empieza a preocupar a la familia. El miércoles un compañero de Claudio les confirma que hubo problemas en Tucumán. 

Al llegar a Tucumán, los Slemenson se dirigen a la Jefatura de Policía. Ahí conocen a Bárbara Minor, la madre de Hugo Trenchi, y reconstruyen juntos la escena del secuestro. Sabían que estaban presos en la Jefatura porque la camioneta Rastrojero de Trenchi estaba estacionada afuera, los militares se la habían llevado. Los Slemenson trabaron relación con Bárbara Minor, se acompañaron durante los primeros tiempos tras el secuestro. Pero en septiembre del 76, Bárbara fue secuestrada en la ciudad de Salta, y actualmente continúa desaparecida.

En una primera instancia, presentaron habeas corpus y realizaron todos los trámites legales posibles, para obtener su liberación. Lo buscaron en todas las dependencias policiales y militares. La idea de no volver a verlo nunca más simplemente no estaba en su horizonte de posibilidades. Más adelante lo buscaron en penales de todo el país, confiaban que estaría detenido como preso político: “la idea de desaparición no existía, la gente iba presa o se moría. No teníamos la idea de desaparición que tenemos ahora”, afirma Adriana.

Al poco tiempo, Adriana se exilió y sus padres continuaron la búsqueda de Claudio. Fueron años de informaciones cruzadas, poco certeras, poco confiables. A medida que pasaba el tiempo, la desesperación crecía. Tenían la información de que había estado secuestrado en "la Escuelita de Famaillá". Gracias al testimonio de un hombre que estuvo secuestrado con Claudio ahí, en el 2006, pudieron confirmar este dato. Recordaba que Claudio estaba muy golpeado, ensangrentado y con la cabeza vendada.

Durante los años siguientes recibieron llamadas anónimas en las que les anunciaban la liberación de Claudio. La primera vez, les dijeron que lo esperasen a la medianoche en Corrientes y 9 de Julio (Bs. As.). Fueron a su encuentro, pero no apareció nadie. A la tercera llamada, directamente no fueron, “era de un nivel de perversión espantoso, de un nivel de crueldad…esperar la hora para encontrarlo y saber que nos estaban mintiendo”, recuerda Adriana.

Por ser un dirigente estudiantil muy conocido, el caso de la desaparición de Claudio tuvo una gran visibilidad. Se hicieron numerosas solicitadas y la familia recibió la ayuda de distintos espacios políticos en la búsqueda.

Con el tiempo, empezaron a surgir una gran cantidad de versiones sobre el secuestro y la muerte de Claudio. Su caso fue citado en distintos libros. Siempre que esto ocurría, los Slemenson intentaban contactarse con los autores, pidiéndoles que les revelasen sus fuentes. Detrás de cada fuente podía haber testigos, la posibilidad de avanzar en el esclarecimiento de lo que ocurrió luego del secuestro. Algunas versiones eran totalmente apócrifas, sin ningún sustento de pruebas. De cualquier modo, su historia se tornó una suerte de mito popular. Una de las versiones que más se difundió sobre la muerte de Claudio fue la que Martín Caparrós y Eduardo Anguita publicaron en su libro “La voluntad”. Según ésta, Claudio habría sido asesinado cruelmente, asado en una parrilla, mientras sus torturadores intentaban sacarle información. Caparrós, que había sido compañero de Claudio, se negó a revelarle a la familia sus fuentes. Si bien nunca existieron pruebas que confirmasen esta versión, fue una de las que más se diseminó. “Esto nos afectó, mi papá y mamá murieron pensando que murió así…”, afirma Adriana.

Luego del fallecimiento de sus padres, Adriana continúo y continúa la búsqueda de su hermano. "Esperamos 41 años para poder hablar y ser escuchados... de lo que vivió mi hermano y mi familia, porque el recurso de la desaparición forzada tiene una dimensión de una crueldad hacia todos, hacia la misma sociedad, que casi es inimaginable. Porque lo que nos pasa a todos los familiares es que nunca podemos cerrar el duelo. No hay cuerpo, no hay quien, no hay nada... es muy difícil para los padres, y para los hermanos, decretar que un hijo se murió, es algo muy duro... No se dieron cuenta de lo que provocaron. Este gran movimiento de derechos humanos, que lejos de acobardarnos, a pesar de los 41 años, seguimos pidiendo justicia... Mi papá se murió de dolor... son heridas que no logran cerrarse, que uno no sabe si las va a poder cerrar algún día. Mi deseo mayor es poder enterrarlo, cualquier ser humano se merece tener un lugar donde poder ponerle una flor a un ser querido... La recuperación de los nietos, de los hermanos, de los primos, sobrinos, creo que es la única manera de cerrar las heridas".