miércoles, 27 de agosto de 2008

Mariana Slemenson

Lo recuerdo a Claudio manejando su Citroen 3 CV amarillo huevo, saludando con las luces a todos los Citróenes que nos cruzábamos por la ruta.
Claudio era de Independiente, coleccionaba botellitas, le gustaba la música de Los Beatles y Almendra, en una época tocaba la batería y tenía un grupo que se llamaba Algo.
Lo recuerdo bueno, dulce e inteligente, a veces con mucho sentido del humor y otras muy serio.
Era muy buen alumno, exageradamente aplicado. Era ordenado y obsesivo. Puntilloso y detallista.
Una de las últimas casas donde vivió fue en la calle Castillo, junto a su novia Rosana Szafirstein (La Negra) , también hoy desaparecida.

Y una de las veces que lo fui a visitar, quise ayudarlo con las tareas domésticas limpiando el baño y haciéndole las camas. Yo pensaba que le iba a encantar pero se puso muy serio y me empezó a enseñar cómo se hacía la cama, que las sábanas tenían que quedar muy estiradas, y que el baño se limpiaba así o asá.
El día que me enteré que lo habían secuestrado y que no se sabía dónde estaba detenido, yo estaba por cumplir los 10 años.
Claudio era muy cariñoso conmigo. Charlábamos mucho. Yo lo admiraba y lo quería con locura.
Yo era de independiente y peronista como él. Y sigo siendo de independiente.
Le había prometido que en la escuela iba a crear la UEP (Unión de Estudiantes Primarios).

Me acuerdo de sus amigos: cuando vivíamos en el departamento de Canning y él tenía 14 ó 15 y yo 4 ó 5, sus amigos eran Daniel, Ricardo y Daniel. Y de la etapa de la militancia: Beto (que por suerte lo seguimos viendo) que me había prometido que mi iba a regalar un loro (todavía lo estoy esperando), y del Roña que un día antes de ser asesinado me estuvo ayudando con la tarea de la escuela en casa.
Y de la Negra también me acuerdo mucho. Era preciosa y también dulce y cariñosa como él.

Claudio me hacía unos regalos muy particulares. Me regaló (en diferentes oportunidades) un pantógrafo, un trompo medio raro de metal y un reloj transparente para armar (Rasti), una mini armónica que trajo de Córdoba y una caja con dos jabones con calcomanías pegadas (usabas el jabón y la calcomanía no se despegaba).
Cada regalo era anunciado con bastante anticipación. No me contaba lo que era exactamente. Me decía “te voy a regalar un singarrofo” o “estoy viendo si puedo conseguir un pendorcho”.
Y después traía el regalo con una tarjeta donde adentro escribía “te traje este pendorcho común porque con enchufe no había”. Y el pendorcho resultaba ser un pantógrafo. El singarrofo era un trompo raro, de metal. Nunca nada convencional.




Yo también le quería hacer regalos. Una vez me fui de compras sola para conseguir un regalo para él. Entré en una disquería y vi un casette con un discurso de Perón quien se había muerto hacía un par de meses. Era el último discurso de Perón en la Plaza de Mayo.
Cuando le entregué el casette, escuchamos el discurso juntos. Era aquél en el cual los militantes son insultados por Perón y abandonan Plaza de Mayo. Y Claudio escuchaba con cara de preocupado y medio triste y me decía “¿ves? Escuchá cuando nos dice “esos estúpidos que gritan”


Y también me acuerdo que no le gustaba que me secara la cara cuando me daba un beso. Y que una vez entró a mi cuarto y me preguntó “en qué pensás?”. Yo le contesté “en nada”. Y él me dijo “no se puede pensar en nada, en algo tenés que estar pensando”.
Y que contaba que él no soñaba. Una vez contó que había soñado por primera vez y relataba su sueño muy contento.
Otra vez contó, mientras comíamos unas empanadas en un restaurante, que un colectivero “manejó todo el recorrido con la mente en blanco”.
Quería trabajar de obrero y había estudiado tornería. Una vez me mostró una pieza de tornería que había hecho.
Era serio para vestirse. Bastante formal, aunque en una época usaba el pelo largo y barba y por eso le decían “Barbeta”, “Barbe”.
Y bueno, me acuerdo de eso y de mucho más. A pesar de que no lo veo hace casi 33 años, lo sigo extrañando. Es una de las personas que más quise en la vida.

Mariana (hermana de Claudio)

6 comentarios:

Mariela Miguel dijo...

Soy Mariela, amiga de Mariana Slemenson, mas que amigas somos hermanas.
Quiero contar que conozco a Mariana, y somos amigas desde que teníamos 6 años.
Me acuerdo de algunas cosas que cuenta Mariana, como el Citróen y me acuerdo de sus "hermanos mayores".

También me acuerdo nuestras incursiones en el cuarto de Claudio, hurgando todo lo que encontrábamos a nuestro paso, los trenes eléctricos, los discos de los Beatles, la biblioteca y la puerta plegadiza blanca que cerraba el mismo.

Tengo muy presente los años de búsqueda incesante y quiero destacar que toda la familia siempre hizo todo lo imposible para mantener vivo el recuerdo de Claudio.

Un abrazo Mariela

paulapren dijo...

¡Que emoción Mariana!Las fotos que estaban colgadas en la casa de Belgrano con la imagen de lo que parecía otra vida:vos junto a sus hermanos, los dos.Recuerdo la casa y sus ausencias, la habitación de Claudio intacta, los recuerdos multicolores de Mexico, que traías cuando ibas con tu mamá a visitar a tu hermana en el exilio.Una casa silenciosa hasta que te regalaron el equipo de música.Una casa impecable y organizada, una costumbre que, se ve ,corría en la familia.Muy emocionante el blog.Otra vida que ahora vale la pena recordar-Paula Prengler

almagro balvanera dijo...

Querida Mariana, soy Cecilia.
Aquí estoy conmovida por este álbum de recuerdos...por el Barbe. Nunca me olvidé ni me olvido de él, pero este tipo de recuerdos "refrescan" la memoria. Sobre todo, verlo y acordarme cómo éramos en ese entonces...Un cariño grande y fue un placer conocerte haciendo la baldosa de nuestro querido Barbeta. Nos volveremos a ver, seguro, cuando la coloquemos. Te felicito por el blog...a mí no me sale tan bueno...
cecilia

Anónimo dijo...

Hola, soy jorge cantis y escribo desde Madrid donde vivo hace un montón de años.Solo quiero mandar un abrazo grande a todos ustedes, yo también tuve la suerte de conocerlo, incluso de ir a salta (cafayate).
Un honor muy grande haber conocido al Barbeta.

Anónimo dijo...

Querida Mariana,
Todos estos años guardé de Claudio la imagen más dulce que tenía: un día de sol en Plaza de Mayo en alguna de las marchas... pero esa vez te llevaba en hombros, eras tan chiquita y te cuidaba con una ternura que casi se podía tocar. Solo recuerdo la magia.
Se quedaron así conmigo para siempre... una imagen a contraluz que nunca dejé de mirar.
Tenés razón, todos lo seguimos extrañando.
Un abrazo inmenso,
Pecas

Marcelo dijo...

Qué BELLEZA tu recuerdo, tus recuerdos, ... Te quiero mucho, Mariana, cuidate siempre y a tu familia, a tus recuerdos, a cada una de tus luchas, a tu arte... Marcelo