sábado, 4 de octubre de 2008

Martín Baintrub

Vengo emocionado del homenaje a Claudio en el que se colocó una baldosa en la puerta de la que fue su casa. Soy su primo y como sus padres Aida y Alberto, soy papá de mellizos nena y varón, algo que muchas veces me hizo pensar en la relación de Claudio y Adriana.
Antes de ir me acordé mucho de él, de sus padres y sus hermanas. Distintas imágenes vinieron a mi mente, recuerdos borrosos, difusos, escenas de cumpleaños infantiles, una tarde en la playa Tío Tom, con mi tío Alberto y él tratando de pescar cazones. Pero lo que mas recuerdo fue la ultima vez que lo vi, poco antes de que desapareciera. Fue una noche en la que supongo que a instancias de mi tia Aida y de mi papá, Claudio vino a casa a cenar. El objetivo era que mi viejo que tenía mucho predicamento sobre toda la familia, tratara de convencerlo de que se fuera un tiempo del país. Visto desde acá, me sorprende que claro teníamos todos el peligro real de que le pasara algo en 1975, durante un gobierno democrático.
La conversación fue una charla llena de afecto en la que se habló de los ideales, del compromiso y también sobre el valor de la vida. Claudio era perfectamente consiente del riesgo, pero también estaba muy convencido de lo que hacía.
Se hizo tarde y por seguridad Claudio quiso quedarse a dormir. Durmió en la habitación de mi hermano Alvaro donde había una segunda cama que se sacaba de abajo. A la mañana se levantó, tomó el desayuno y se fue. Nunca más volví a verlo.
Hoy, de alguna forma la ceremonia me permitió volver a recordar esta historia y quise compartirla con ustedes.
Martín Baintrub

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